El siguiente texto fue escrito por Karen García, estudiante de Comunicación en el TEC de Monterrey, campus Guadalajara. Lo queremos compartir con ustedes y por favor opinen, ¿qué les parece? Se vale comentar siempre y cuando se haga respetuosamente.
Los mexicanos, en general, solemos quejarnos de que los partidos políticos no nos brindan opciones satisfactorias para votar y, por lo tanto, no está en nuestras manos elegir a los gobernantes. Cumplimos con el derecho y responsabilidad que tenemos de votar, pero, ¿ahora qué? Ya con eso estamos en condición para quejarnos de nuestras inconformidades. Nos sentimos víctimas del gobierno y de los políticos ineptos. Ya cumplimos con nuestra obligación de ciudadanos, pero ahora somos inútiles.
Una de las armas por las que han optado muchos mexicanos para protestar ha sido el Voto Nulo. Pero ¿es este acto en realidad cumplir con nuestra responsabilidad?, ¿Es nuestra única opción?, ¿No hay nada que podamos hacer?, ¿También México tiene el gobierno que se merece?
No es justo quejarnos sin actuar. El Voto Nulo fue, para muchos mexicanos, su manera de actuar. Expresaron su inconformidad, además de su compromiso con el país “cumpliendo con su responsabilidad”, lo “único que estaba en sus manos”. Fue una declaración de guerra entre ciudadanos y políticos; una respuesta de última hora para lo que no pudimos hacer desde el principio.
¿Qué pasa si lo vemos desde otro punto de vista? Los ciudadanos somos políticos, el gobierno somos los ciudadanos. Inevitablemente, en un país libre y democrático como lo es México (aunque en ocasiones no parezca), todos los ciudadanos desempeñamos el papel de políticos aplicado a cada simple o importante actividad que realicemos. Todo lo que hacemos afecta a nuestro entorno.
Si en verdad estamos dispuestos a colaborar para que nuestro país mejore, no hay que conformarnos con publicar artículos en el periódico, criticar al gobierno y pedirle cuentas, pagar impuestos o cumplir con nuestro derecho a votar. En el fondo sabemos que no es suficiente y sí podemos y debemos hacer más. Tenemos más poder.
Vivimos en una revolución constante que comenzó desde hace 200 años, la Independencia de México, porque nunca hemos estado satisfechos. Eso tiene su lado bueno y su lado malo. Es prueba de que no somos resignados ni pasivos. Pero la inconformidad ha sido nuestra única herramienta para eliminar a la misma inconformidad y buscar nuestra “sociedad ideal”. Sólo nos ha llevado al mismo lugar en donde empezamos. En 200 años no nos ha librado de sí misma y no lo hará hasta que recurramos a otra arma que no nos traicione.
Habrá en nuestro país un aproximado de 100 millones de ideales diferentes y el descontento es muestra de que no los hemos podido combinar. Es cierto que algunos son egoístas y otros honestos, igual que pueden ser realistas o fantasiosos. Pero sólo es culpable el que no cede. Tenemos que cambiar nuestra arma, no por su contrario, la conformidad, sino por acción y aceptación. Por solidaridad, saber participar y saber ceder. Hay que unir nuestros ideales, tomar en cuenta los ajenos aplicando la empatía y trabajar por ellos.
Como acabo de revelar que no estoy de acuerdo con simplemente publicar críticas, no puedo terminar aquí. Es necesario tener propuestas y ser congruente con ellas. Una es participar en los partidos políticos: tenemos voz y voto desde el principio de todas las decisiones. También involucrarnos en programas de acción ciudadana: manifestaciones, campañas de reforestación, de servicio social, etcétera. Si exigimos autoridades honestas, debemos comenzar siéndolo nosotros: rechazar cualquier mínimo acto de corrupción, pagar nuestros impuestos, ser justos, denunciar injusticias… Nuestra opinión y propuestas son muy valiosas y compartirlas es aportar. Lo último, es difícil, pero muy importante: Unir nuestros ideales; ver con los ojos del otro para descubrir su valor y sus necesidades; atrevernos a ceder un poco en nuestro propio ideal para conjugarlo con los de los demás.






















